¿Al diablo las instituciones?

Isidro H. Cisneros recuerda aquel primer momento en que el entonces candidato perdedor mandó “al diablo las instituciones” y como hoy pretende llevarlo a cabo.

Por Isidro H. Cisneros.

Cuando López Obrador perdió las elecciones de 2006 en unos comicios calificados como ejemplares por los observadores internacionales, y su derrota fue ratificada por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en septiembre de ese año, en un mitin afirmó: “Ya decidimos hacer a un lado esas instituciones caducas que no sirven para nada”, y agregó: “¡Al diablo con sus instituciones!”, para concluir señalando que: “no se debe acorralar a la democracia con la intransigencia”. En ese momento todo hacía pensar que se trataba de un exabrupto del candidato perdedor derivado del resentimiento que produjo una contienda muy reñida. Catorce años después, ya como Presidente de la República, demuestra que aquella frase no era solamente una expresión cualquiera, sino que surgía de una profunda convicción autoritaria que es ratificada cotidianamente en los hechos. La destrucción institucional inició al día siguiente de tomar posesión y aún no ha concluido, puesto que este viernes anunció: “la revisión de 100 organismos autónomos que dependen del gobierno federal con la finalidad de desaparecerlos”.

El teórico del derecho Maurice Duverger, en su obra Instituciones Políticas y Derecho Constitucional (Barcelona, Ariel, 1980),  menciona: “la instituciones no se estudian solamente desde el punto de vista jurídico, se analiza su funcionamiento de hecho, su importancia real, su lugar y significación política, ellas representan los modelos de comportamiento, la cultura política y los objetivos sociales. Las instituciones son el conjunto de las estructuras fundamentales de organización establecidas por la ley y la costumbre. El modelo democrático no es una elaboración artificial de teóricos, juristas o politólogos como pretenden sus adversarios conservadores. Es el resultado de una larga evolución a través de los siglos”. Por su parte, un importante estudioso de la política comparada a nivel mundial, Leonardo Morlino, afirma en su investigación Fundamentos de Ciencia Política (Bolonia, Il Mulino, 2004): “así como es difícil pensar en la política en términos funcionales sin pensar en la función del gobierno, así también es difícil pensarla en términos estructurales sin reflexionar en las instituciones. Ellas se manifiestan de forma concreta dependiendo de su diferenciación estructural en el sistema político y van desde un extremo típico de los regímenes absolutistas y autoritarios donde el gobierno se identifica con un gobernante individual o soberano absoluto quien representa “todo”, al extremo opuesto de los regímenes liberal-democráticos donde la institución de gobierno es solamente una, entre muchas, en las cuales se articula el sistema político”.

Otros autores como el premio Nobel Douglass North, el estudioso de las organizaciones Thorstein Vebelen o el afamado politólogo Samuel Huntington han dado vida a la denominada escuela del “neoinstitucionalismo”, resaltando la centralidad que en la vida pública democrática tienen las instituciones, constatando éstas que deben gozar de autonomía y capacidad para condicionar significativamente a la política porque definen valores, normas, roles e identidades. Sostienen que las instituciones representan la “arena” donde se desarrolla el proceso político y definen el “marco” dentro del cual se despliega la vida democrática.

FOTO: INE /CUARTOSCURO.COM

Las amenazas proferidas por López Obrador se dirigen a los órganos constitucionalmente autónomos. Especialmente contra el INE, culpable de garantizar la certeza y la legalidad de las elecciones. La existencia de autoridades autónomas, situadas por encima de las pasiones que de manera natural emergen de la lucha política, es una condición para robustecer la confianza en el proceso democrático. Es el momento de recordarle que las instituciones hacen posible que el Estado funcione.


La presente colaboración fue publicada originalmente en La Crónica. Agradecemos al autor su autorización para compartirlo en Observatorio Ciudadano.


 

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