La cultura como prevención del feminicidio.

Excelente análisis del Doctor Héctor Rossete sobre la cultura como herramienta para la prevención de los feminicidios que nos azotan hoy en día.

Por Héctor Rossete.

En los últimos años la realidad cotidiana ha cambiado drásticamente para las y los mexicanos, la creciente actividad del crimen organizado y la decisión del gobierno federal de enfrentarlo de manera de «abrazos y no balazos”, «perdón y olvido (amnistía)” o «todo delincuente tiene derecho a ser respetado”, el feminicidio como un acto de violencia de género en contra de las mujeres, los sucesos en ciudad Juárez dieron a conocer este tipo de violencia, pero esta ciudad no es la excepción, más bien representa sólo un ejemplo de lo que puede ocurrir en un país en el cual, la misoginia y la discriminación estructural contra las mujeres representan una circunstancia persistente en México, mientras el foco de la atención pública sigue alumbrando a ciudad Juárez como el epicentro del dolor.

El año 2019 quedó registrado como uno de los más sangrientos para las mujeres en México, de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se registraron 976 presuntos delitos de feminicidio.

La alarmante cifra amenaza con superarse este año, pues sólo en los 50 días que van de 2020 han ocurrido más de 260 terribles feminicidios.

¿Por qué cuidarlas a ellas?

La violencia contra las mujeres representa una violación a los derechos humanos y constituye uno de los principales obstáculos para lograr una sociedad igualitaria y plenamente democrática.

El concepto y el potencial de alcance de la figura del feminicidio es complejo, ya que engloba una serie de fenómenos que van desde la violencia sistémica y la impunidad, hasta el “homicidio de mujeres por el simple hecho de ser mujeres”.

De forma particular, en los últimos años, activistas y las y los legisladores han vislumbrado la necesidad de tipificar al feminicidio como delito, siendo esta una medida legal y política que entre otras podría contribuir a la erradicación de esta grave forma de violencia contra las mujeres.

Los conceptos de feminicidio y femicidio se desarrollan en la literatura feminista desde principios de la década de 1990 para evidenciar el sustrato sexista en numerosos asesinatos y muertes de mujeres, el androcentrismo de figuras aparentemente neutras, así como la responsabilidad directa o indirecta del Estado en estos fenómenos, dadas las deficiencias en su juzgamiento por parte de los sistemas de justicia.

Más allá de ello, una de las críticas desde la teoría penal y de derechos humanos que persiste y se confirma al examinar gran parte de las iniciativas y leyes en la región, es el riesgo de vulneración al principio de tipicidad dada la imprecisión normativa que afecta a muchos de estos tipos penales. La indeterminación de estos se manifiesta especialmente en el uso de términos equívocos o vagos, consecuencia de transposiciones a la esfera penal de conceptos desarrollados en las ciencias sociales que difícilmente pueden cumplir los requisitos de claridad y precisión de los tipos penales.

En general, la penalidad que se impone al feminicidio es un tema complejo en los modelos analizados, optándose en la mayor parte de ellos por penas equivalentes a un tipo penal neutro de homicidio o parricidio, posiblemente para evitar mayores cuestionamientos a la constitucionalidad de estas normas y facilitar su aprobación. Sin embargo, al mantener las mismas penas que estos, dejan en duda el diverso carácter y gravedad de los feminicidios a la vez, que permanecen las consecuencias adversas de los tipos penales neutros para las mujeres, penas equivalentes serán aplicadas contra ellas víctimas de violencia que puedan atacar a sus agresores.

Definamos…

El femicidio representa el extremo de un continuum de terror anti-femenino que incluye una amplia variedad de abusos verbales y físicos, tales como violación, tortura, esclavitud sexual (particularmente por prostitución), abuso sexual infantil incestuoso o extra-familiar, golpizas físicas y emocionales, acoso sexual (por teléfono, en las calles, en la oficina, y la escuela), heterosexualidad forzada, esterilización forzada, maternidad forzada (por la criminalización de la contracepción y del aborto), negación de comida para mujeres en algunas culturas. Siempre que estas formas de terrorismo resultan en muerte, ellas se transforman en femicidios.

En cuanto al femicidio, ha sido definido como la “muerte violenta de mujeres, por el hecho de ser tales” o “asesinato de mujeres por razones asociadas a su género”. La expresión muerte violenta enfatiza la violencia como determinante de la muerte y desde una perspectiva penal incluirían las que resultan de delitos como homicidio simple o calificado (asesinato) o parricidio en los países en que aún existe esta figura.

Resulta ampliamente conocida la tradicional clasificación del femicidio o feminicidio formulada con base en las investigaciones de Diana Russell, que distingue entre femicidio o feminicidio íntimo, no íntimo y por conexión. El primero alude a los asesinatos cometidos por hombres con quien la víctima tenía o tuvo una relación íntima, familiar, de convivencia o afines a estas; mientras el segundo, a aquellos cometidos por hombres con quienes la víctima no tenía dichas relaciones y que frecuentemente involucran un ataque sexual previo, por lo que también es denominado femicidio sexual. Finalmente, el femicidio o feminicidio por conexión “hace referencia a las mujeres que fueron asesinadas ‘en la línea de fuego’ de un hombre tratando de matar a una mujer.

Es evidente, sin embargo, que solamente una caracterización precisa del modus-operandi de cada tipo particular de crimen y la elaboración de una tipología lo más precisa posible de las diversas modalidades de asesinatos de mujeres podría llevar a la resolución de los casos, a la identificación de los agresores, y al tan anhelado fin de la impunidad. Crímenes pasionales, violencia doméstica seguida de muerte, abuso sexual y violaciones seguidas de muerte en manos de agresores seriales, tráfico de mujeres, crímenes de pornografía virtual seguidos de muerte, tráfico de órganos, aparecen en la media y en los boletines de ocurrencias mezclados y confundidos en un único conjunto.

¿Qué está haciendo nuestro gobierno mexicano en este tema?

La violencia de género ya es percibida como un atentado a los derechos humanos de las mujeres y uno de los más graves problemas sociales y de urgente atención, sabemos que no es natural la violencia, se incuban en la sociedad y en el estado debido a la identidad genérica patriarcal falta de democracia y desarrollo institucional rebasados por la problemática social falta de políticas públicas adecuadas.

En muchos casos se enseñorea la violencia sobre la violencia, perversidad ocasionada por la impunidad como sucede en México en el feminicidio y dio con la consecuente injusticia en los casos de crímenes contra mujeres derivadas de pésimas investigaciones y movilización policiaca, averiguaciones mal integradas, ministerios públicos dolosos y machistas que desatienden las denuncias de las víctimas, o muestran un claro sesgo descalificador y culpabilizador de las mujeres.

¿Qué se piensa ahora, qué lo exacerba y qué se puede hacer como sociedad?

Quizás tiene que ver con una cultura retrógrada que tiene un componente de un conservadurismo religioso que ha sometido a la mujer durante siglos. Se tiene pensado que tiene que ver con la cultura más que con la legislación. Si solo los hombres fuésemos machistas ya hace tiempo que nos hubieran expulsado de la sociedad. La razón por la que el machismo es cultural es porque las mujeres también son machistas. Y estas enseñan muchas veces a sus hijas a callar infidelidades, a silenciar la violencia y a decirles que han venido al mundo solo a tener hijos y a casarse. Tenemos que entender que la cultura no se transforma a través de leyes y privilegios, sino concientizando y educando a los hijos de una manera paritaria, mientras eso no suceda, no vamos a solucionar el problema.

“La educación y valores viene de familia y desde la cuna, entonces no hay pretexto.”

¿Y la obligación del gobierno?

La protección la necesitan todos los individuos. Por eso el rol básico del gobierno es ese: brindar seguridad y justicia. Eso incluye a todos.

Imperdonable que se le ponga poca o casi nula atención al tema, no se trata de ser golpista, pero un gobierno que evade, que le resulta más importante una rifa, que la misma vida humana, es un gobierno condenable y reprochable.

La violencia de individuo a individuo es violencia y debe ser condenable, independientemente de los genitales que porte cada uno.

La violencia debe ser condenada y la justicia solo puede existir cuando se respeta la vida, y la propiedad privada que empieza por el cuerpo y la mente. Quien te agrede psicológica y físicamente está atentando contra tus propiedades privadas más básicas y contra la libertad.

La inexistencia de leyes en ciertas materias puede significar un incumplimiento de las obligaciones del Estado de respetar y garantizar los derechos humanos, ya que esta última impone la obligación de adoptar medidas legislativas que tiendan a asegurar el goce de éstos.

¡A ponerse las pilas, no es un tema de juego de suerte, es un tema que se debe atender de inmediato!

Situación actual:

Hoy la violencia contra las mujeres ocupa un sitio prioritario en la conciencia política de las mujeres, en la agenda política democrática de cada país y del mundo, la violencia de género es decir la violencia por el solo hecho de ser mujer. Bravo por las millones de mujeres que abrieron espacios, crearon oportunidades y participaron en diversos ámbitos de la sociedad, la cultura y la política. Las mujeres de distintos países dieron vida a la cultura democrática, al denunciar la opresión de género y crear una conciencia crítica sobre la condición de mujeres, así como normas.

Nosotros como hombres; cuidarlas y protegerlas es nuestra conciencia obligatoria, partamos desde que nos creamos y desarrollamos en el vientre de ellas, si quiera dar gracias por traernos a este mundo y porque nos dan la vida. Recuerden que cada uno de nosotros, provenimos de ellas.

«A las mujeres no se les promete, se les sorprende, al tiempo…”

La realidad es la verdad.





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